Nada tiene
más belleza,
que un ser al
mostrar su esencia.
Nada seduce
más,
que su
movimiento propio.
Todo
disfraz,
tarde o
temprano, se rompe.
y a cada
instante, pierde brillo.
No hay
técnicas de seducción.
Quién las
usa, se engaña.
Es un
disfraz vendiendo,
un disfraz
comprando,
y dos seres
en soledad.
Dos seres,
cuando se
ven, se embelesan,
cuando se
encuentran,
fluye un
dar circular.
Se nutren,
crecen,
se
agradecen, se despiden,
y quizás, luego,
se vuelvan
a encontrar.