Mostrando entradas con la etiqueta Lucha. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lucha. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de enero de 2015

Este no es

Este no es mi tiempo.
Este no es mi mundo.
Esta no es mi lucha.

Probablemente tampoco sea tu tiempo,
ni tu mundo,
aunque luches.

Seguramente sea ilusión este tiempo,
y este mundo,
en el que luchas.

Aunque sientas que es tu tiempo,
y es tu mundo.
Por eso luchas.

Yo en cambio sé que no es mi tiempo,
ni mi mundo,
ni mi lucha.

Pensarán que pierdo el tiempo,
que niego el mundo,
porque no lucho.

Pues no se han sentido ajenos a este tiempo,
a este mundo,
a esta lucha.

No creo haya remedio en este tiempo,
en este mundo,
por más que luchen.

Me seguiré sintiendo ausente en este tiempo,
en este mundo,
de constante lucha.

Seré receptor de expectativas factibles en este tiempo,
expresables en este mundo,
frutos de ciertas lucha.

Será amado ese yo que no existirá en este tiempo,
ni se concretará en este mundo,
porque no es mía esa lucha.

Seré odiado por no alcanzar ese yo en este tiempo,
por no cristalizarlo en este mundo,
por no ser parte de esas luchas.

Es que no soy de ese tiempo.
No soy de ese mundo.
No entiendo de luchas.

Yo soy quién soy todo el tiempo,
en todo el mundo,
sin lucha alguna.

jueves, 2 de mayo de 2013

Nos acostumbramos



Nos acostumbramos.
Nos acostumbramos a ciertos valores,
o a otros.
Nos acostumbramos a un tipo de civilización,
o a otra.
Nos acostumbramos a que algo está bien,
o que otra lo está.
Nos acostumbramos a un sentido para todo,
o a cualquier otro.
Nos acostumbramos a forzar la percepción para sostener esto,
o lo otro.
Y decimos que es natural todo esto,
o lo otro.

Nos acostumbramos.
Nos acostumbramos a sufrir,
por ciertos valores,
u otros.
Nos acostumbramos a luchar,
por esta civilización,
o la otra.
Nos acostumbramos a juzgar,
que esto está bien,
o lo otro.
Nos acostumbramos a buscar,
algún sentido a nuestra vida,
aunque nos sirva cualquier otro.
Nos acostumbramos a mentirnos,
para lograr creer en todo esto,
o en todo lo otro.
Y decimos que es natural esto,
cuando lo natural,
es lo otro.

Nos acostumbramos.
Nos acostumbramos a nuestros estos,
y a que compitan absurdamente,
cada uno de estos estos,
con cada uno de esos otros.

Y en el mundo, …

En el mundo,
no existen,
ni estos estos,
ni esos otros.

En el mundo,
no hay sufrimiento,
ni valores,
no hay lucha,
ni victorias,
no hay justicia,
ni venganzas,
no hay búsqueda,
ni hallazgos,
no hay sentido,
ni responsabilidades.

En el mundo,
solo hay vida hasta la muerte,
se es uno, hasta que no se es,
se es uno, en cada instante,
se es un uno hoy,
se fue otro uno ayer,
y se será otro uno después,
donde cada uno de cada hoy,
ni conocerá su uno de ayer.



domingo, 9 de enero de 2011

Deseos

Vivimos en una sociedad, en la cual, generalmente, el intervalo entre el surgimiento de un deseo y su satisfacción, es demasiado largo, al punto de que la mayoría de las veces nos encontramos luchando por deseos que ya desaparecieron.

Los deseos, los reales, los que surgen desde dentro, de los instintos, de las emociones, duran poco tiempo en nosotros, se satisfacen en ese momento o se frustran, no existe una tercera opción. La tercera opción, la de la lucha constante, la del sacrificio, la del orgullo por el mismo, no es más que la razón, edulcorando el fracaso y anestesiando el golpe de la frustración. La intención es buena, quizás hasta necesaria, el resultado no lo es, el autoengaño nos encierra en una agónica carrera cuya meta siempre está un buen trecho por delante de nosotros.

Que vivamos en una sociedad así no es casual, nuestra razón no decidió funcionar de esa manera por un afán sobreprotector, debió hacerlo, al ver que no sobreviviríamos en una sociedad que sistemáticamente construye estructuras, cada vez más pesadas, cada vez más sólidas, cada vez más complejas, para obstaculizar la concreción de los deseos, simplemente porque quién está satisfecho no consume.

Donaciones

Imagina un mundo en el cual todos regalemos lo mejor que hacemos, y todos hagamos lo que más nos gusta hacer.

Luego, no solo imagínalo, sino que también, vive en él. Yo ya estoy allí, acompáñame.

Un abrazo,
Diego

Compartir

En caso de querer compartir este artículo en otro lugar, les agradezco se comuniquen conmigo agregando un comentario en el artículo (click en "comentarios" debajo del texto) . Los comentarios son moderados por lo que no duden en colocar su dirección de e-mail en ellos.

Un abrazo,
Diego