Yo, como las sumas de mis miles de yo, mis viejos yo poético, y yo analítico, ambos renovados, y mis otros yo, además del filatélico y cinéfilo de antes, en estos años se agregaron especialmente el yo milonguero, y el yo biodanzante, a los yo que siempre estuvieron y nunca aparecieron como el yo literario, el yo musicólogo, y otros yo que quizás aún no conozco.
sábado, 14 de mayo de 2016
Universo, percepción, vida y muerte
martes, 8 de abril de 2014
Tormenta
sobre mi alma solitaria.
Ella deambula, desorientada,
sin encontrar cobijo.
Lluvia espesa,
cortina tras cortina,
gélidas paredes,
que empañan, que dividen.
Rayos de muerte,
que acechan e iluminan.
Caen allí, caen allá,
aún no caen aquí.
El mundo en movimiento,
miserable y hostil.
Mi bote a la deriva,
apenas un remo, y a mí.
Su luz puede ser la muerte,
o el faro a seguir.
En la oscuridad sobrevivimos,
aun siendo un lento morir.
El próximo rayo ansiamos,
quienes elegimos vivir,
así nos mate, o nos indique,
la dirección a seguir.
En la oscuridad remamos,
bajo la lluvia vil,
entre monstruos y sirenas,
que enturbian el discernir.
En la vida navegamos,
una tormenta sin fin.
También podemos ocultarnos,
y tan solo sobrevivir.
O navegar a mar abierto,
y arriesgarnos a morir,
ahora, hoy, mañana, o quizás
con suerte, algunos años vivir.
Solo bajo los rayos,
podemos vivir.
Solo de su luz,
nos podemos nutrir.
Flashes fugaces,
sabiduría para discernir,
certeza absoluta,
sobre el camino a seguir.
Oscuridad casi eterna,
miedo desgarrador,
demonios de la psique,
dudas, indecisión.
Espera cada próximo rayo,
absorbe ese mágico instante,
luego, ten coraje y rema,
ya está su luz en ti.
Rema,
con calma, rema.
Rema,
hasta morir.
Rema,
que solo remando,
habrás experimentado,
lo que es vivir.
viernes, 27 de diciembre de 2013
Despierto
El sol rasante tras la ciudad,
su sendero iluminado,
de mil brillos sobre la mar,
la arena al viento,
contorneando dunas,
las pinceladas de nubes,
coloreando distintos cielos,
y cientos de seres,
dibujando sus intrincados sueños.
Estoy en el centro,
de murmullos entrelazados,
de vida disfrazada,
de belleza ignorada.
Estoy en el centro,
y estoy despierto.
Despierto,
para la acuarela del cielo,
para el oro del sol en el horizonte,
para el embriagante fluir de las olas,
para todo eso, despierto.
Despierto,
para la magia de cada piel,
para la belleza de cada músculo,
para la danza en cada movimiento,
para la divinidad en cada ser, estoy despierto.
Despierto para mí.
Para la danza de mi respirar,
y la de mi corazón latir.
Para sentir la caricia en mi piel,
y la magia de vivir, estoy despierto.
Despierto para este azul, y este naranja,
para las pinceladas blancas de las nubes.
para el arrullo del mar,
para los ocasionales gritos,
para todas las alegrías,
y para el placer de cada ser, estoy despierto.
Estoy despierto.
Despierto en el centro.
En el centro de un escenario abrumador.
Mar, arena, cielo, nubes,
familias, niños, bellas mujeres,
lejanos edificios, hierro, cemento,
canoas, islas, e infinidad de seres.
Todos, actores involuntarios,
ningún extra, todos principales,
de esta obra,
que en este momento,
vivencio.
Despierto,
en cada instante,
en este y en el siguiente,
en el próximo,
y en los que luego de ese,
vienen.
Despierto,
en cada risa,
en cada ola,
en cada ave,
y en ese tono de celeste.
Despierto,
entre infinidad de transformaciones,
aparece la primera estrella,
y con ella culmina,
aquella obra.
Azul oscuro, naranja intenso,
sombras, siluetas, lejanas lamparitas,
retornos, silencios, palabras perdidas.
El día, la noche,
la muerte, la vida,
una obra empieza,
otra termina.
Sigo despierto,
se suceden las obras,
empiezan, terminan,
sigo en el centro,
despierto,
vivo.
jueves, 2 de mayo de 2013
Nos acostumbramos
martes, 23 de abril de 2013
Somos
domingo, 16 de enero de 2011
La neblina
Existen días en los cuales uno parece estar inmerso en una neblina, hay algo, algo inobjetable, inobjetable en sus dos definiciones, algo que existe indiscutiblemente, y también algo que no se puede identificar, algo que no se puede hacer objeto aunque indudablemente es.
Esos días, se perciben como si nuestra conexión con el universo estuviera sufriendo alguna interferencia, como si la imagen se viera borrosa o se escuchase algún zumbido, dificultando nuestro estar en la vida.
El comienzo de cada uno de esos día ya es así, quizás algo perturbó nuestro sueño, quizás un sueño mismo perturbó nuestro despertar, quizás nada pasó, independientemente de la causa, la realidad es que la neblina se instaló, y si somos lo suficientemente conciente, la percibimos en el preciso instante en que nacemos al nuevo día.
El día transcurrirá, probablemente sin mayores dramas, pasará sin problemas siempre que sepamos convivir con la neblina en vez de luchar contra ella, pasará, puede ser en unas horas, quizás en unos días, esperemos que no nos acompañe por meses, no sabremos porque nos abandonará, como tampoco supimos porque ha venido, ha sido, ahora es, luego también será, y más tarde dejará de serlo, seguramente cuando esto pase, nos sentiremos plenos, aliviados, nos ilusionaremos con estar curados, con que nunca volverá, y lo hará, una y otra vez lo hará, como también lo hará la muerte.
Existen momentos de plenitud, existen momentos de neblina, también momentos de angustias con infinitas gradaciones en ella, y existen finalmente momentos de muerte. De todas formas, todos ellos, incluidos los de muerte, son momentos de vida, por ello, todos estos momentos debemos vivirlos, tomarlos de forma total y experimentarlos con plena conciencia.
El único pecado es evadirse.
Donaciones
Luego, no solo imagínalo, sino que también, vive en él. Yo ya estoy allí, acompáñame.
Un abrazo,
Diego
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Un abrazo,
Diego