Yo, como las sumas de mis miles de yo, mis viejos yo poético, y yo analítico, ambos renovados, y mis otros yo, además del filatélico y cinéfilo de antes, en estos años se agregaron especialmente el yo milonguero, y el yo biodanzante, a los yo que siempre estuvieron y nunca aparecieron como el yo literario, el yo musicólogo, y otros yo que quizás aún no conozco.
sábado, 14 de mayo de 2016
Universo, percepción, vida y muerte
martes, 20 de agosto de 2013
Eclipse
Viaja sola,
la luna.
Viaja solo,
el sol.
Eventualmente se unen,
en vacío resplandor.
No hay sol,
ni hay luna.
Hay profundidad,
hay fusión.
No hay tiempo,
ni espacio.
Hay belleza,
hay pasión.
Son cautivados por ese encuentro,
cielo, tierra, observador.
Se entregan, se incluyen, integran,
la magia de ese kairos.
Otro universo es creado,
fruto de esa unión.
Nace una luna,
nace un sol.
domingo, 29 de abril de 2012
El amor
sábado, 17 de marzo de 2012
Vuelve a tí
sábado, 31 de diciembre de 2011
Existe solo …
no hay ética,
ni moral.
No hay ley,
no hay deberes,
ni obligaciones.
No hay tradición,
no hay cultura,
ni sociedad.
No hay historia,
no hay futuro,
ni destino.
No hay universo,
no hay materia,
ni espíritu.
Existe solo…
este instante,
tu piel,
la mía.
domingo, 30 de enero de 2011
Relaciones
Estoy flotando en un universo danzante, luces, sombras, siluetas humanas se dibujan, se acercan, se definen, se colorean, se expresan, expresan el tono de su piel, el movimiento de los músculos bajo de ella, el volar de su cabello, la creatividad de su vestimenta, el ritmo de su andar, la profundidad de su mirada, develan su misterio, y se alejan, a sus mundos, a sus relaciones, a sus vidas.
Miles de vidas, miles de mundos, interrelacionados, seres que eligieron ser esta obra, en la que en este instante, estoy viviendo, seres con sus familias, sus amigos, sus compañeros, sus vecinos, seres con sus miles de relaciones, de las cuales, la más fuerte, en este mínimo instante, es la que tienen conmigo.
domingo, 16 de enero de 2011
La neblina
Existen días en los cuales uno parece estar inmerso en una neblina, hay algo, algo inobjetable, inobjetable en sus dos definiciones, algo que existe indiscutiblemente, y también algo que no se puede identificar, algo que no se puede hacer objeto aunque indudablemente es.
Esos días, se perciben como si nuestra conexión con el universo estuviera sufriendo alguna interferencia, como si la imagen se viera borrosa o se escuchase algún zumbido, dificultando nuestro estar en la vida.
El comienzo de cada uno de esos día ya es así, quizás algo perturbó nuestro sueño, quizás un sueño mismo perturbó nuestro despertar, quizás nada pasó, independientemente de la causa, la realidad es que la neblina se instaló, y si somos lo suficientemente conciente, la percibimos en el preciso instante en que nacemos al nuevo día.
El día transcurrirá, probablemente sin mayores dramas, pasará sin problemas siempre que sepamos convivir con la neblina en vez de luchar contra ella, pasará, puede ser en unas horas, quizás en unos días, esperemos que no nos acompañe por meses, no sabremos porque nos abandonará, como tampoco supimos porque ha venido, ha sido, ahora es, luego también será, y más tarde dejará de serlo, seguramente cuando esto pase, nos sentiremos plenos, aliviados, nos ilusionaremos con estar curados, con que nunca volverá, y lo hará, una y otra vez lo hará, como también lo hará la muerte.
Existen momentos de plenitud, existen momentos de neblina, también momentos de angustias con infinitas gradaciones en ella, y existen finalmente momentos de muerte. De todas formas, todos ellos, incluidos los de muerte, son momentos de vida, por ello, todos estos momentos debemos vivirlos, tomarlos de forma total y experimentarlos con plena conciencia.
El único pecado es evadirse.
sábado, 15 de enero de 2011
La pausa
Cierro los ojos, el universo decae a un mínimo punto dentro de mi, una sensación de paz me toma, afloja progresivamente mi expresión, mi rostro, mi boca, desciende luego por mi cuello, mis hombros, mi espalda, todo esto mientras escucho dentro de mi, un leve sonido, grave, sostenido, suave, invariable a excepción de leves ondulaciones de volumen, que tienen su pico en el preciso instante que percibo el distender de cada nuevo músculo. Con el último de ellos, una larga, profunda y serena respiración corona la experiencia.
Un rulo acaricia alternadamente mi frente, mi sien, mi párpado, el sol cuela su luz a través de este último y forma un naranja degradé, repite el mismo ahora de forma térmica sobre mi piel, todo esto mientras se escucha el calmo, y aún así caótico, arrullar de las olas en su constante romper. Mis brazos se elevan, mis piernas se extienden, mis pies se flexionan, y cuando el último músculo recupera el tono, mis ojos se abren, y yo decaigo a un mínimo punto dentro del universo.
Donaciones
Luego, no solo imagínalo, sino que también, vive en él. Yo ya estoy allí, acompáñame.
Un abrazo,
Diego
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Un abrazo,
Diego