Yo, como las sumas de mis miles de yo, mis viejos yo poético, y yo analítico, ambos renovados, y mis otros yo, además del filatélico y cinéfilo de antes, en estos años se agregaron especialmente el yo milonguero, y el yo biodanzante, a los yo que siempre estuvieron y nunca aparecieron como el yo literario, el yo musicólogo, y otros yo que quizás aún no conozco.
lunes, 16 de mayo de 2016
Plenitud
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Paradoja
tan ampliamente presente,
y totalmente ignorada,
como el amor incondicional a alguien.
Es ese “a alguien”,
que lo hace condicional,
es por ese “a alguien”,
que no es amor.
El amor desborda,
parte del centro,
en infinitos radios,
de amplio alcance.
En cambio,
ese “a alguien”
dispara, captura,
mata.
Si te sientes pleno solo,
si te sientes amado solo,
tu amor se irradia,
se percibe.
Si encuentras a alguien,
y sientes amor,
agradécele en cada instante,
está despertando lo que sos.
Ese alguien, es inspiración,
no es motivo, ni causa,
tan solo un espejo,
en donde tu luz, se reflejó.
Agradécele,
no lo atrapes,
entrégate,
sin límites.
Busca, encuentra,
quienes, y que,
reflejan tu ser.
Encuéntralos, y vé.
Entrégate, descúbrete,
encuentra tu ser, tu vida.
Que esa danza,
sea tu única guía.
Quizás luego,
después de muchos días,
o de muchas vidas,
finalmente, ames tu vida.
Y allí recién,
podrás amar,
al agua, al río, al mar,
al cielo, al sol, a la humanidad.
Allí recién,
podrás hablar,
redundantemente,
de amor incondicional.
jueves, 18 de julio de 2013
La Danza
domingo, 6 de enero de 2013
Plenitud
lunes, 16 de julio de 2012
Mi Aldea
martes, 7 de febrero de 2012
Mente, nube, sueño
domingo, 6 de febrero de 2011
Vacío y Plenitud
La hilera de mesas vacías, las servilletas asoman irregulares de sus recipientes, manos ahora invisibles dibujaron la posición que ahora ocupan, y desde allí danzan cansinamente al ritmo del viento del ocaso.
La música suave y dulce suena exclusivamente para mí, y el vaso aguarda calmo mi próximo sorbo.
Familias de nubes, en procesión lenta recorren el firmamento, buscan en su camino al sol, al cual cortinan intermitentemente, cambiando fueguinas luces y sombras por blanca y plana luminosidad en el ilimitado ambiente que me resguarda.
Lejanos compañeros humanos, juegan, corren, pasean, charlan, viven, lejos, ajenos a mí.
Sorbos que se repiten, aves rondando el cielo retornan a descansar en su isla.
Las nubes alcanzaron al sol, este les enseñó a nadar, y ahora retozan entre olas, espuma, y arena, explotando y regalando un color naranja que a todo toca y embellece.
Una sonrisa cercana me devuelve a mi, al sabor de la bebida, a la sensibilidad de mis labios, a la presión cambiante del aire en el rostro, en mis pies, a la caricia del último rayo de sol, y a mi, a todo mi mí, al oído oyendo, al ojo viendo, al paladar sabiendo, a la nariz oliendo, y a mi mano, escribiendo.
Me derrito en el asiento, y soy la silla, soy la silla y la mesa, soy el vaso y el trago, soy ella que corre en la orilla, y la pareja que se ama en el mar, soy el sol oculto y su última luz, soy las nubes, el cielo, y esa primera estrella que imprimió su luz en el paisaje, soy la noche que ha llegado y el día que se ha ido, y también soy el que llegará luego, soy yo, y también, desde este momento, desde este momento soy tú.
domingo, 16 de enero de 2011
La neblina
Existen días en los cuales uno parece estar inmerso en una neblina, hay algo, algo inobjetable, inobjetable en sus dos definiciones, algo que existe indiscutiblemente, y también algo que no se puede identificar, algo que no se puede hacer objeto aunque indudablemente es.
Esos días, se perciben como si nuestra conexión con el universo estuviera sufriendo alguna interferencia, como si la imagen se viera borrosa o se escuchase algún zumbido, dificultando nuestro estar en la vida.
El comienzo de cada uno de esos día ya es así, quizás algo perturbó nuestro sueño, quizás un sueño mismo perturbó nuestro despertar, quizás nada pasó, independientemente de la causa, la realidad es que la neblina se instaló, y si somos lo suficientemente conciente, la percibimos en el preciso instante en que nacemos al nuevo día.
El día transcurrirá, probablemente sin mayores dramas, pasará sin problemas siempre que sepamos convivir con la neblina en vez de luchar contra ella, pasará, puede ser en unas horas, quizás en unos días, esperemos que no nos acompañe por meses, no sabremos porque nos abandonará, como tampoco supimos porque ha venido, ha sido, ahora es, luego también será, y más tarde dejará de serlo, seguramente cuando esto pase, nos sentiremos plenos, aliviados, nos ilusionaremos con estar curados, con que nunca volverá, y lo hará, una y otra vez lo hará, como también lo hará la muerte.
Existen momentos de plenitud, existen momentos de neblina, también momentos de angustias con infinitas gradaciones en ella, y existen finalmente momentos de muerte. De todas formas, todos ellos, incluidos los de muerte, son momentos de vida, por ello, todos estos momentos debemos vivirlos, tomarlos de forma total y experimentarlos con plena conciencia.
El único pecado es evadirse.
Donaciones
Luego, no solo imagínalo, sino que también, vive en él. Yo ya estoy allí, acompáñame.
Un abrazo,
Diego
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Un abrazo,
Diego