Yo, como las sumas de mis miles de yo, mis viejos yo poético, y yo analítico, ambos renovados, y mis otros yo, además del filatélico y cinéfilo de antes, en estos años se agregaron especialmente el yo milonguero, y el yo biodanzante, a los yo que siempre estuvieron y nunca aparecieron como el yo literario, el yo musicólogo, y otros yo que quizás aún no conozco.
lunes, 16 de mayo de 2016
Plenitud
viernes, 4 de marzo de 2011
El salto
Existe un salto al vacío que muy pocos han dado, un salto total al presente, un simultáneo olvidar por completo el futuro y un dejar de esperar por revivir el pasado, un soltarse de todo, un caminar sin rumbo por siempre, no un paseo, no un recreo, no un retiro, por siempre, desde un comienzo ya olvidado, y hasta un futuro inimaginable, hasta que nos encuentre la muerte, y luego también.
¿Podemos llamar vivir a algo distinto a eso?
Podemos estar más cerca, podemos estar más lejos, aunque siempre sin estar ahí.
Sin el gran salto, nunca habremos tenido el coraje de vivir, ni la valentía de nacer.
Y así pasaremos por la existencia, como recorriendo un museo, veremos a la vida dentro de una vitrina, con algo de suerte nos acercaremos a ella, quizás en algunos casos la toquemos, en contadas ocasiones nos quedaremos un tiempo a su lado, hasta que algo nos tironee, nos arranque de allí, responsabilidades, ansiedades, políticas, leyes, miedos, cobardía, y más tarde o más temprano, estaremos fuera, el museo habrá cerrado, y volveremos a ser tristes engranajes de una maquinaria que no comprendemos.
martes, 15 de febrero de 2011
La libertad
En algún momento, hace mucho tiempo, empezamos a maquinar el mundo.
La existencia nos daba todo, la queríamos, le agradecíamos, vivíamos en conexión con ella, aceptábamos sus ciclos, aceptábamos sus montes y sus valles, sus veranos y sus inviernos, aceptábamos esto y aquello, justamente sin catalogarlos en esto y aquello, no clasificábamos ni juzgábamos.
Éramos minúsculos, tiernos, indefensos, una especie más entre tantas, una más que una vez surgió y que en algún momento se irá, una más, una más hasta que en ella se disparó la conciencia de libertad.
Por primera vez en la eternidad, un ser vivo concibió su libertad, se concibió a si mismo, y se concibió libre, por primera vez, un ser desafió su genética, desafió ese fino programa elaborado durante miles de millones de años de dramático ensayo y error, lo desafió, quizás por casualidad, quizás por rebeldía, quizás por desesperación, lo desafió y quedó solo, quedó aterrado, desconcertado. Las cuerdas del titiritero se cortaron y quedó allí, inerte, inmóvil, quedó tiempo allí, esperando algo que nunca llegó, quedó allí, solo, hasta que resignado, torpemente, ensayando, aprendiendo, logró incorporarse, y comenzó a andar.
Así conocimos brutalmente la libertad, tan brutalmente que apenas la percibimos, aunque aún no la incorporamos. Al igual que al encontrarnos con el fuego, esta nos tocó y nos quemó, nos aterró y huimos de ella. Luego de perder la guía del titiritero, nos aferramos desesperadamente a pobres sustitutos de este, nos dejamos guiar por religiones, nacionalismos, filosofías, culturas, modas, padres, amigos, buscamos infructuosamente algo que pudiera mover nuestras cuerdas ya rotas, padecimos miserias tan solo por evitar afrontar la terrible y maravillosa libertad. Maquinamos el mundo tan solo por recuperar algo de la perdida previsibilidad. Irónicamente, utilizamos nuestra libertad, tan solo para crear mecanismos que nos permitieran huir de ella.
Afortunadamente, algunos, muy pocos, volvieron a ella, reconocieron su belleza, se fascinaron con ella, se acercaron temerosamente, con coraje y con sufrimiento se aferraron a ella, poco a poco se inundaron de ella, hasta que finalmente se atrevieron a fundirse en ella, a perderse en ella, a desaparecer en ella, a ser ella.
Apenas algunos, muy pocos, asumieron, que desde aquel momento, casual, rebelde, desesperado, dejamos de ser creación y nos convertimos en divinidad.
miércoles, 12 de enero de 2011
Solo gana quién no juega
El juego consiste en …, los oponentes buscarán …, intentarán desarrollar sus movimientos de modo que …, hasta que uno de ellos alcance …, y gane, determinando la derrota del resto de sus compañeros de juego.
Las olas nacen, se forman, corren, rompen, deslizan su último impulso sobre la arena, desaparecen, la arena recibe el perecer de la ola, se empapa, recibe el rayo de sol, pierde su humedad, recibe el pie del niño, imprime su huella, recibe más pies, miles de ellos, se diseña, recibe el viento, se otorga, miles de granos navegan el viento, construyen dunas, y sobre esas dunas, camina ella.
La existencia crea un paraíso a cada instante, y lo ofrece a quién no se distrae compitiendo.
Donaciones
Luego, no solo imagínalo, sino que también, vive en él. Yo ya estoy allí, acompáñame.
Un abrazo,
Diego
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Un abrazo,
Diego