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lunes, 16 de mayo de 2016

Plenitud

La plenitud se da cuando uno es el máximo, en el nivel de potencial en el que esta, esto es, aceptando los límites propios de cada momento, llevar la propia existencia a alcanzar ese límite.

Visualizándonos como un vaso, o cualquier recipiente, lo importante, en cada momento, no es el tamaño del recipiente, este puede ser enorme o muy pequeño, lo que es relevante para nuestra existencia en el momento presente, es cuan lleno el recipiente esté, pues es en lo único en que podemos actuar directamente, en incrementar su contenido, esto es enfocarnos en llenar el recipiente, no en maldecir o cuestionar sus límites.

En esta visualización, naturalmente la plenitud se da justamente cuando ese recipiente que somos, independientemente del tamaño del mismo, está completamente lleno, rebosante, derramando su contenido por exceso del mismo. En este estado de plenitud, se experimenta, además de una inmensa sensación de bienestar, un desborde de amor, el ser en ese estado irradia amor a su entorno, el cual es claramente percibido por sus pares, los cuales lo ven con una luz especial, propia de ese estado, y a su vez, el ser en estado de plenitud, amplía su existencia, se expande el recipiente de la metáfora planteada, posibilitándole al ser pleno, el acceso a un nivel de existencia mayor, y posteriormente a una plenitud aún más elevada.

Manteniéndonos, o al menos procurando estar el mayor tiempo posible, en ese estado de plenitud, con el recipiente lleno y desbordando amor, nos montamos en una espiral evolutiva, que nos lleva a ir creciendo, nos va eliminando límites que existían previamente, nos permite mayor amplitud de acción, en definitiva, nuestro recipiente se vuelve cada vez mayor, y el estado de nuestra plenitud es cada vez más alto.


viernes, 4 de marzo de 2011

El salto

Existe un salto al vacío que muy pocos han dado, un salto total al presente, un simultáneo olvidar por completo el futuro y un dejar de esperar por revivir el pasado, un soltarse de todo, un caminar sin rumbo por siempre, no un paseo, no un recreo, no un retiro, por siempre, desde un comienzo ya olvidado, y hasta un futuro inimaginable, hasta que nos encuentre la muerte, y luego también.

¿Podemos llamar vivir a algo distinto a eso?

Podemos estar más cerca, podemos estar más lejos, aunque siempre sin estar ahí.

Sin el gran salto, nunca habremos tenido el coraje de vivir, ni la valentía de nacer.

Y así pasaremos por la existencia, como recorriendo un museo, veremos a la vida dentro de una vitrina, con algo de suerte nos acercaremos a ella, quizás en algunos casos la toquemos, en contadas ocasiones nos quedaremos un tiempo a su lado, hasta que algo nos tironee, nos arranque de allí, responsabilidades, ansiedades, políticas, leyes, miedos, cobardía, y más tarde o más temprano, estaremos fuera, el museo habrá cerrado, y volveremos a ser tristes engranajes de una maquinaria que no comprendemos.


martes, 15 de febrero de 2011

La libertad

En algún momento, hace mucho tiempo, empezamos a maquinar el mundo.

La existencia nos daba todo, la queríamos, le agradecíamos, vivíamos en conexión con ella, aceptábamos sus ciclos, aceptábamos sus montes y sus valles, sus veranos y sus inviernos, aceptábamos esto y aquello, justamente sin catalogarlos en esto y aquello, no clasificábamos ni juzgábamos.

Éramos minúsculos, tiernos, indefensos, una especie más entre tantas, una más que una vez surgió y que en algún momento se irá, una más, una más hasta que en ella se disparó la conciencia de libertad.

Por primera vez en la eternidad, un ser vivo concibió su libertad, se concibió a si mismo, y se concibió libre, por primera vez, un ser desafió su genética, desafió ese fino programa elaborado durante miles de millones de años de dramático ensayo y error, lo desafió, quizás por casualidad, quizás por rebeldía, quizás por desesperación, lo desafió y quedó solo, quedó aterrado, desconcertado. Las cuerdas del titiritero se cortaron y quedó allí, inerte, inmóvil, quedó tiempo allí, esperando algo que nunca llegó, quedó allí, solo, hasta que resignado, torpemente, ensayando, aprendiendo, logró incorporarse, y comenzó a andar.

Así conocimos brutalmente la libertad, tan brutalmente que apenas la percibimos, aunque aún no la incorporamos. Al igual que al encontrarnos con el fuego, esta nos tocó y nos quemó, nos aterró y huimos de ella. Luego de perder la guía del titiritero, nos aferramos desesperadamente a pobres sustitutos de este, nos dejamos guiar por religiones, nacionalismos, filosofías, culturas, modas, padres, amigos, buscamos infructuosamente algo que pudiera mover nuestras cuerdas ya rotas, padecimos miserias tan solo por evitar afrontar la terrible y maravillosa libertad. Maquinamos el mundo tan solo por recuperar algo de la perdida previsibilidad. Irónicamente, utilizamos nuestra libertad, tan solo para crear mecanismos que nos permitieran huir de ella.

Afortunadamente, algunos, muy pocos, volvieron a ella, reconocieron su belleza, se fascinaron con ella, se acercaron temerosamente, con coraje y con sufrimiento se aferraron a ella, poco a poco se inundaron de ella, hasta que finalmente se atrevieron a fundirse en ella, a perderse en ella, a desaparecer en ella, a ser ella.

Apenas algunos, muy pocos, asumieron, que desde aquel momento, casual, rebelde, desesperado, dejamos de ser creación y nos convertimos en divinidad.



miércoles, 12 de enero de 2011

Solo gana quién no juega

El juego consiste en …, los oponentes buscarán …, intentarán desarrollar sus movimientos de modo que …, hasta que uno de ellos alcance …, y gane, determinando la derrota del resto de sus compañeros de juego.

Las olas nacen, se forman, corren, rompen, deslizan su último impulso sobre la arena, desaparecen, la arena recibe el perecer de la ola, se empapa, recibe el rayo de sol, pierde su humedad, recibe el pie del niño, imprime su huella, recibe más pies, miles de ellos, se diseña, recibe el viento, se otorga, miles de granos navegan el viento, construyen dunas, y sobre esas dunas, camina ella.

La existencia crea un paraíso a cada instante, y lo ofrece a quién no se distrae compitiendo.

Donaciones

Imagina un mundo en el cual todos regalemos lo mejor que hacemos, y todos hagamos lo que más nos gusta hacer.

Luego, no solo imagínalo, sino que también, vive en él. Yo ya estoy allí, acompáñame.

Un abrazo,
Diego

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Diego