Yo, como las sumas de mis miles de yo, mis viejos yo poético, y yo analítico, ambos renovados, y mis otros yo, además del filatélico y cinéfilo de antes, en estos años se agregaron especialmente el yo milonguero, y el yo biodanzante, a los yo que siempre estuvieron y nunca aparecieron como el yo literario, el yo musicólogo, y otros yo que quizás aún no conozco.
lunes, 16 de julio de 2012
Mi Aldea
martes, 3 de enero de 2012
Transforma tu amor
si a quién amas,
sientes que necesitas.
Desconfía de tu amor,
si a quién amas,
sientes que te pertenece.
Desconfía de tu amor,
si a quién amas,
sientes que debes cuidar.
Desconfía de tu amor,
probablemente,
no estés amando.
Quién necesita,
no ama,
se evade.
Quién posee,
no ama,
captura.
Quién debe,
no ama,
se anula.
Aún así,
ama,
como puedas,
igual ama.
Agrega conciencia,
ilumina tu amor,
quítale sombras,
y vuelve a amar,
Ama, y se conciente,
transforma tu amor,
y vuelve a amar,
siempre vuelve a amar.
Un día,
no habrá sombras,
y amando,
solo luz irradiarás.
martes, 15 de febrero de 2011
La libertad
En algún momento, hace mucho tiempo, empezamos a maquinar el mundo.
La existencia nos daba todo, la queríamos, le agradecíamos, vivíamos en conexión con ella, aceptábamos sus ciclos, aceptábamos sus montes y sus valles, sus veranos y sus inviernos, aceptábamos esto y aquello, justamente sin catalogarlos en esto y aquello, no clasificábamos ni juzgábamos.
Éramos minúsculos, tiernos, indefensos, una especie más entre tantas, una más que una vez surgió y que en algún momento se irá, una más, una más hasta que en ella se disparó la conciencia de libertad.
Por primera vez en la eternidad, un ser vivo concibió su libertad, se concibió a si mismo, y se concibió libre, por primera vez, un ser desafió su genética, desafió ese fino programa elaborado durante miles de millones de años de dramático ensayo y error, lo desafió, quizás por casualidad, quizás por rebeldía, quizás por desesperación, lo desafió y quedó solo, quedó aterrado, desconcertado. Las cuerdas del titiritero se cortaron y quedó allí, inerte, inmóvil, quedó tiempo allí, esperando algo que nunca llegó, quedó allí, solo, hasta que resignado, torpemente, ensayando, aprendiendo, logró incorporarse, y comenzó a andar.
Así conocimos brutalmente la libertad, tan brutalmente que apenas la percibimos, aunque aún no la incorporamos. Al igual que al encontrarnos con el fuego, esta nos tocó y nos quemó, nos aterró y huimos de ella. Luego de perder la guía del titiritero, nos aferramos desesperadamente a pobres sustitutos de este, nos dejamos guiar por religiones, nacionalismos, filosofías, culturas, modas, padres, amigos, buscamos infructuosamente algo que pudiera mover nuestras cuerdas ya rotas, padecimos miserias tan solo por evitar afrontar la terrible y maravillosa libertad. Maquinamos el mundo tan solo por recuperar algo de la perdida previsibilidad. Irónicamente, utilizamos nuestra libertad, tan solo para crear mecanismos que nos permitieran huir de ella.
Afortunadamente, algunos, muy pocos, volvieron a ella, reconocieron su belleza, se fascinaron con ella, se acercaron temerosamente, con coraje y con sufrimiento se aferraron a ella, poco a poco se inundaron de ella, hasta que finalmente se atrevieron a fundirse en ella, a perderse en ella, a desaparecer en ella, a ser ella.
Apenas algunos, muy pocos, asumieron, que desde aquel momento, casual, rebelde, desesperado, dejamos de ser creación y nos convertimos en divinidad.
domingo, 16 de enero de 2011
La neblina
Existen días en los cuales uno parece estar inmerso en una neblina, hay algo, algo inobjetable, inobjetable en sus dos definiciones, algo que existe indiscutiblemente, y también algo que no se puede identificar, algo que no se puede hacer objeto aunque indudablemente es.
Esos días, se perciben como si nuestra conexión con el universo estuviera sufriendo alguna interferencia, como si la imagen se viera borrosa o se escuchase algún zumbido, dificultando nuestro estar en la vida.
El comienzo de cada uno de esos día ya es así, quizás algo perturbó nuestro sueño, quizás un sueño mismo perturbó nuestro despertar, quizás nada pasó, independientemente de la causa, la realidad es que la neblina se instaló, y si somos lo suficientemente conciente, la percibimos en el preciso instante en que nacemos al nuevo día.
El día transcurrirá, probablemente sin mayores dramas, pasará sin problemas siempre que sepamos convivir con la neblina en vez de luchar contra ella, pasará, puede ser en unas horas, quizás en unos días, esperemos que no nos acompañe por meses, no sabremos porque nos abandonará, como tampoco supimos porque ha venido, ha sido, ahora es, luego también será, y más tarde dejará de serlo, seguramente cuando esto pase, nos sentiremos plenos, aliviados, nos ilusionaremos con estar curados, con que nunca volverá, y lo hará, una y otra vez lo hará, como también lo hará la muerte.
Existen momentos de plenitud, existen momentos de neblina, también momentos de angustias con infinitas gradaciones en ella, y existen finalmente momentos de muerte. De todas formas, todos ellos, incluidos los de muerte, son momentos de vida, por ello, todos estos momentos debemos vivirlos, tomarlos de forma total y experimentarlos con plena conciencia.
El único pecado es evadirse.
Donaciones
Luego, no solo imagínalo, sino que también, vive en él. Yo ya estoy allí, acompáñame.
Un abrazo,
Diego
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Un abrazo,
Diego