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jueves, 22 de mayo de 2014

Mi Cuerpo


Mi cuerpo,
tirado, solo,
solo en la oscuridad,
quieto, intranquilo, algo tenso,
movedizo, consciente, incómodo,
despierto, por horas, despierto,
tirado, sobre las sábanas,
suaves, confortables, bellas,
más solo, una piel artificial.

Mi cuerpo,
mi instrumento en este mundo,
único, lejano, solitario,
abandonado, hambriento, perdido,
añorando viejos placeres,
sufriendo nuevos dolores,
envejeciendo, muriendo mientras respiro.

Mi cuerpo,
descansando en un lecho vacío,
sin recibir gran estímulo.

Mi cuerpo,
uno más en un infinito enjambre,
de este infierno de mundos perdidos,
esta ausencia de universos distantes,
apiñados en fríos castillos.

Mi cuerpo,
entiende de caricias,
de placer, de sexo, de gritos,
sabe de pasión,
de besos, miradas, y gemidos,
conoce de fusión,
de abrazo, de interacción,
de otros cuerpos y el mío.

Mi cuerpo,
no conoce de razones,
ni de pudores, ni de prohibidos.
Él es directo,
solo busca,
tu placer y el mío.

Mi cuerpo,
no elabora estrategias,
ni busca conquistas,
ni sigue caminos,
es más, se siente fastidiado,
por esos absurdos laberintos,
en donde pretenden sumergirlo.

Mi cuerpo,
es sabio, no está distraído,
él vive ahora,
sin ayer,
y sin destino.

Mi cuerpo,
está atrapado,
en una red sin sentido,
en el mundo de la mente,
del trabajo, y del tuyo y mío,
en el mundo de la escasez,
del sacrificio y el hastío,
que es igual al de la opulencia,
la vanidad, y el superficialísimo.

Mi cuerpo,
aborrece este mundo,
y también desprecia,
hasta sus mejores utopías,
él sabe que no hay salida,
ni en las más bellas teorías.

Mi cuerpo,
sabe que la clave está,
en su misma corporeidad,
en la consciencia de ser lo único real,
en esta maraña de irrealidad.

Mi cuerpo,
busca otros cuerpos,
es lo único que puede encontrar,
de sus juegos, su interactuar,
recién pueda quizás alcanzar,
cierta espiritualidad.

Mi cuerpo,
busca otros cuerpos,
busca placer, busca amar,
y de esa red, en esa armonía grupal,
recién pueda quizás alcanzar,
cierta humanidad.

Mi cuerpo,
sigue despierto,
consciente,
solo,
transpirado,
exhausto de tanto soñar.

Mi cuerpo,
pronto se dormirá,
y el inconsciente lo deleitará,
con una noche intensa,
de sabroso bacanal.

viernes, 21 de febrero de 2014

Cemento, acero, y vidrio.



Estoy en una caja,
de cemento, acero, y vidrio.
Consciente en una caja,
de cemento, acero, y vidrio.
Despierto en una caja,
de cemento, acero, y vidrio.

A mis costados hay otros seres,
detrás de las paredes,
de cemento, acero, y vidrio.
Arriba hay otros más,
sobre el techo,
de cemento, acero, y vidrio.
Y abajo también hay otros,
debajo del piso,
de cemento, acero, y vidrio.

Por estos vidrios veo cajas,
de cemento, acero, y vidrio.
Donde también habitan seres,
dentro de cemento, acero, y vidrio.

Hasta el horizonte diviso cajas,
de cemento, acero, y vidrio.
Calculo miles de seres,
y solo veo cemento, acero, y vidrio.

Estoy a metros de algún par,
y no tengo forma de sentirlo.
Estoy rodeado de humanidad,
que no es consciente de que existo.

Toda conexión es interferida,
por la trama de cemento, acero, y vidrio.
Toda esperanza de comunión es destruida,
por lo tuyo y lo mío.

Así es nuestra civilización,
de lo tuyo y lo mío.
Es el imperio de las cajas,
de cemento, acero, y vidrio.

Así es nuestra religión,
de lo tuyo y lo mío.
Que nos convirtió en cajas
de cemento, acero, y vidrio.

De las cajas salen cajas,
de cemento, acero, y vidrio,
que interactúan con cajas,
de cemento, acero, y vidrio.

Nuestra humanidad vive escondida,
entre tanto cemento, acero, y vidrio.
Nuestra hermandad casi perdida,
por la interferencia de lo tuyo y lo mío.

Basta una caricia, una mirada,
para vislumbrar el paraíso perdido.
Basta un beso, un abrazo,
para arrancarnos de este infierno compartido.

Bastan esos momentos fugaces,
para evadirnos de ese lento suicidio,
de vivir atrapados entre tanto,
cemento, acero, y vidrio.

Basta estar despierto,
a la belleza de lo vivo,
basta ser consciente,
que nada es tuyo ni mío.

Y todos ser una tribu,
de seres humanos,
de seres vivos.

Viviendo juntos,
en contacto,
en un afectuoso tejido.

Así solo los fósiles quedaran,
del imperio de lo tuyo y lo mío.
Tristes cajas abandonadas,
de cemento, acero, y vidrio.

Servirán de señal a quienes vendrán,
de que nunca más deberán,
humanidad y hermandad encerrar,
en cajas de cemento, acero, y vidrio.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Despierto


El sol rasante tras la ciudad,
su sendero iluminado,
de mil brillos sobre la mar,
la arena al viento,
contorneando dunas,
las pinceladas de nubes,
coloreando distintos cielos,
y cientos de seres,
dibujando sus intrincados sueños.

Estoy en el centro,
de murmullos entrelazados,
de vida disfrazada,
de belleza ignorada.
Estoy en el centro,
y estoy despierto.

Despierto,
para la acuarela del cielo,
para el oro del sol en el horizonte,
para el embriagante fluir de las olas,
para todo eso, despierto.

Despierto,
para la magia de cada piel,
para la belleza de cada músculo,
para la danza en cada movimiento,
para la divinidad en cada ser, estoy despierto.

Despierto para mí.
Para la danza de mi respirar,
y la de mi corazón latir.
Para sentir la caricia en mi piel,
y la magia de vivir, estoy despierto.

Despierto para este azul, y este naranja,
para las pinceladas blancas de las nubes.
para el arrullo del mar,
para los ocasionales gritos,
para todas las alegrías,
y para el placer de cada ser, estoy despierto.

Estoy despierto.
Despierto en el centro.
En el centro de un escenario abrumador.
Mar, arena, cielo, nubes,
familias, niños, bellas mujeres,
lejanos edificios, hierro, cemento,
canoas, islas, e infinidad de seres.
Todos, actores involuntarios,
ningún extra, todos principales,
de esta obra,
que en este momento,
vivencio.

Despierto,
en cada instante,
en este y en el siguiente,
en el próximo,
y en los que luego de ese,
vienen.

Despierto,
en cada risa,
en cada ola,
en cada ave,
y en ese tono de celeste.

Despierto,
entre infinidad de transformaciones,
aparece la primera estrella,
y con ella culmina,
aquella obra.

Azul oscuro, naranja intenso,
sombras, siluetas, lejanas lamparitas,
retornos, silencios, palabras perdidas.

El día, la noche,
la muerte, la vida,
una obra empieza,
otra termina.

Sigo despierto,
se suceden las obras,
empiezan, terminan,
sigo en el centro,
despierto,
vivo.

viernes, 1 de febrero de 2013

Fino placer



Existe una pureza perdida,
en el contacto de la piel,
en la caricia, en mi piel y en la tuya,
existe un fino placer.

Un placer instantáneo,
puro, total, único,
un placer que no pide nada,
y nos da todo.

Un placer intenso,
un placer real,
duradero, eterno,
vivencial.

Un placer que no necesita,
de mí, tampoco de ti,
un placer que es,
porque lo dejamos ser,
porque no somos,
porque nos dejamos ser.

Un placer puro, no artificial,
que surge de tu piel, y la mía,
de tu mirada, y la mía,
de tu ser, y el mío,
de nuestra fusión,
de este encuentro.

Un placer que no surge de quién eres,
ni de lo que tienes,
que poco le importa quién soy,
ni lo que tengo.

Un placer que surge de la piel,
del abrazo y la caricia,
del olor y el sabor,
del amor y el movimiento,
del universo y de la vida,
del todo, del uno,
de la eternidad, del hoy
del infinito presente.

lunes, 13 de agosto de 2012

El Presente


El plácido arrullo,
del mar calmo.
El rítmico suspiro,
de diminutas olas.
El sol intenso,
en un cielo inmenso.
El tiempo ausente,
en infinito presente.

Cierro los ojos,
durmiendo consciente.
El cuerpo se expande,
el yo desaparece.
Ondas de deleite,
recorren mi vientre.
Mi mente ausente,
infinito ser viviente.

Abro los ojos,
despierto consciente.
Mi cuerpo en la arena,
entre el cielo y la tierra.
Acariciado por la brisa,
la música y la belleza.
De deseos ausente,
viviendo el presente.

Encuentra tu arrullo,
para tu viaje al presente.
Muere, y renace,
ahora consciente.
Libérate del tiempo,
del deseo, y la mente.
Acepta el regalo,
el perfecto presente.

sábado, 17 de marzo de 2012

Vuelve a tí


Aún corriendo,
en infinitos lugares nunca estaremos.

Aún corriendo,
a infinitos amigos no conoceremos.

Aún corriendo,
de infinitas experiencias nos perderemos.

Aún corriendo,
nada encontraremos.

Vivimos un suspiro.
Del universo,
probamos un sorbo.
Una caricia, un beso,
y ya no somos.

Buscando la experiencia,
la perdemos.
Buscando acumular,
nada nos llega.

El universo entero,
vive tan solo aquí.
La eternidad empieza ahora,
y termina ya.

No busques,
no corras,
solo ábrete,
encuentra.

sábado, 18 de febrero de 2012

La playa


La noche se va dibujando,
en tensos nubarrones oscurecidos.
Atemorizantes gigantes sin forma,
inundan el cielo, lo cierran,
precipitan su inmensa figura,
sobre mí, sobre ellos, cubren todo.

El viento intensifica su caricia,
el aire, cálido, embriaga mi piel,
juega con mi pelo, le da vuelo,
lo marea, lo enreda,
besa su ser, le da vida, y nacido,
danza, goza, alegre sobre mi sien.

La playa cambia de habitantes,
se van las familias, vienen los amantes.
Duermen los juegos, despierta la pasión.
La playa cambia, y sigue viva,
se mantiene plena de alegría,
y ahora agrega, sexo, ternura, y seducción.

La noche es, el día se ha ido, no perdido.
Nos queda apenas, el azul eléctrico del agua, calma,
con su conmovedor arrullo brillante, constante.
Sutil y bella cortina sonora, cautivante,
en la que se funde gentilmente, armónicamente,
el placer espasmódico de los gimientes, navegantes.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Nace un nuevo día


Paz,
liviandad,
brisa.

Sol,
ojos cerrados,
aire,
caricia.

Danza,
colores,
vida.

Aroma,
pulmones llenos,
pereza,
alegría.

Nace un universo,
nace un nuevo día.


jueves, 24 de marzo de 2011

La luna, la despedida

Nos amamos, descansamos,

alcanzamos la paz,

en la mirada del otro,

recobramos la respiración,

en el mutuo abrazo.

Los vientres distendidos,

se acariciaron,

danzaron en sincronía.

La eternidad terminó.

Volvimos a ser dos,

tu volviste a ser tu,

ahora con algo de mi.

Yo volví a ser yo,

ahora con algo de ti.










domingo, 6 de febrero de 2011

Vacío y Plenitud

La hilera de mesas vacías, las servilletas asoman irregulares de sus recipientes, manos ahora invisibles dibujaron la posición que ahora ocupan, y desde allí danzan cansinamente al ritmo del viento del ocaso.

La música suave y dulce suena exclusivamente para mí, y el vaso aguarda calmo mi próximo sorbo.

Familias de nubes, en procesión lenta recorren el firmamento, buscan en su camino al sol, al cual cortinan intermitentemente, cambiando fueguinas luces y sombras por blanca y plana luminosidad en el ilimitado ambiente que me resguarda.

Lejanos compañeros humanos, juegan, corren, pasean, charlan, viven, lejos, ajenos a mí.

Sorbos que se repiten, aves rondando el cielo retornan a descansar en su isla.

Las nubes alcanzaron al sol, este les enseñó a nadar, y ahora retozan entre olas, espuma, y arena, explotando y regalando un color naranja que a todo toca y embellece.

Una sonrisa cercana me devuelve a mi, al sabor de la bebida, a la sensibilidad de mis labios, a la presión cambiante del aire en el rostro, en mis pies, a la caricia del último rayo de sol, y a mi, a todo mi mí, al oído oyendo, al ojo viendo, al paladar sabiendo, a la nariz oliendo, y a mi mano, escribiendo.

Me derrito en el asiento, y soy la silla, soy la silla y la mesa, soy el vaso y el trago, soy ella que corre en la orilla, y la pareja que se ama en el mar, soy el sol oculto y su última luz, soy las nubes, el cielo, y esa primera estrella que imprimió su luz en el paisaje, soy la noche que ha llegado y el día que se ha ido, y también soy el que llegará luego, soy yo, y también, desde este momento, desde este momento soy tú.


sábado, 22 de enero de 2011

¿A cambio de qué?

Si tus ojos, al recorrer el pasillo y perderte en el fondo, son lo más bello del paisaje, ¿porqué distraerme y no admirarlos?

Si tú, compañera casual en este viaje, cansada, apoyas tu cabeza sobre el duro cristal, ¿porqué evitar ofrecer mi pecho y que duermas en él?

Si tú, otra tú, sentada delante de mí, dejas caer tu hermoso cabello y me regalas esa delicada imagen, ¿porqué reprimir el extender mis brazos y agradecerte con una dulce caricia?

Si tú, …


¿A cambio de qué aceptamos perder estos maravillosos momentos?

¿A cambio de qué sustituimos el amor por la propiedad?


domingo, 16 de enero de 2011

El afecto

Tengo la percepción que el ser humano actual, el hombre civilizado de nuestra era, en ese proceso de civilización, lamentablemente, perdió el arte de dar afecto, aunque, afortunadamente, aún no perdió la voluntad de darlo, lo que nos lleva a afirmar que nuestro estado, aun siendo grave, es reversible.

Esta percepción surge de contemplar a grupos de personas a las cuales las une algún tipo de vínculo, familias, parejas, amigos, compañeros de trabajo, cualquier grupo, grupos en los cuales sea claro que hay alguna forma de afecto entre sus integrantes, y observarlos en sus momentos de distensión, de juego, de compañerismo. Es realmente sorprendente lo que se encuentra allí.

En esos momentos, rara vez se encuentra un abrazo o un beso, y si aparecen, en su mayoría lo hacen las versiones protocolares de ellos, abrazos o besos fríos, maquinales, carentes de sus ejecutantes, menos aún se encontrará allí la caricia, probablemente la forma mejor lograda de mostrar afecto en la evolución natural, queda vetada por nefastos mandatos culturales, y también, aunque parezca absurdo, la mirada escasea, y el verdadero diálogo también.

Estamos insertos en una sociedad que, una a una, desactivó las formas de dar afecto, algunas directamente las erradicó, otras las limitó a momentos tan precisos, que las redujo a torpes manifestaciones de ellas, debido a una lógica falta de experiencia, y a las restantes las vació de contenido, las dejó existir aunque ya sin residir el afecto en ellas.

La sociedad desactivó las formas, pues en las formas esta su poder, no lo está en la esencia, no lo está en la fuente, lo aún no formado es intocable, imperturbable, y de allí fluye el amor, surge el afecto.

Todo lo que surge de allí, no puede frenarse, surge imparable, aunque si es posible transformarlo, ese afecto que surge fuerte desde la esencia del ser humano, al no encontrar su forma natural de manifestarse, es transformado, es transformado en acciones que seguramente se vean opuestas a él, aunque sigue estando ahí, imperturbable, y la muestra de que sigue estando allí es que gracias a alguna sabiduría desconocida, el otro percibe, quizás hasta sin darse cuenta concientemente, ese afecto tan ridículamente disfrazado.

Dada esa formidable adaptabilidad del afecto, y debido a la nefasta represión de las muestras naturales de afecto, que la sociedad cultivó en nosotros por milenios, actualmente la forma más común de mostrar afecto es a través de molestar al otro. Parece ridículo, en extremo tonto, aunque es fácilmente comprobable tristemente.

Para confirmarlo basta observar como se desarrollan las reuniones de amigos, como se efectúa un cortejo, el constante histeriqueo en los integrantes de una pareja, y hasta en los juegos que se realizan en una vinculación padres-hijos. En todos estos casos se encuentran en su mayoría acciones que implican molestar al otro dentro de ciertos límites. La acción debe perturbarlo de alguna manera de forma que reaccione, aunque sin que la misma rompa el vínculo. De esa forma mantienen entre ambos, la atención, la cual es la más mísera representación del afecto.

El llamado es a usar todo ese potencial dormido por milenios, a volver a cultivar el arte de mostrar afecto, a no contentarnos con que detrás de una conducta hostil se esconde el afecto, a liberarnos de las cadenas desnaturalizadoras de la civilización.

El llamado es a volver a mirar, a volver a dialogar, a volver a abrazar, a besar, a acariciar, y especialmente, a realizar todas estas naturales manifestaciones de afecto, con nuestro ser, plenamente, totalmente, y concientemente, inmerso en ellas.


Donaciones

Imagina un mundo en el cual todos regalemos lo mejor que hacemos, y todos hagamos lo que más nos gusta hacer.

Luego, no solo imagínalo, sino que también, vive en él. Yo ya estoy allí, acompáñame.

Un abrazo,
Diego

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Un abrazo,
Diego