Yo, como las sumas de mis miles de yo, mis viejos yo poético, y yo analítico, ambos renovados, y mis otros yo, además del filatélico y cinéfilo de antes, en estos años se agregaron especialmente el yo milonguero, y el yo biodanzante, a los yo que siempre estuvieron y nunca aparecieron como el yo literario, el yo musicólogo, y otros yo que quizás aún no conozco.
jueves, 21 de junio de 2012
Miseria
miércoles, 28 de diciembre de 2011
Abundancia Lejana
martes, 27 de diciembre de 2011
La Trampa
jueves, 15 de diciembre de 2011
Detente, Contempla
lunes, 17 de enero de 2011
La paz
Todas pasarán.
Cuando lo culminen, tendremos dos opciones:
Hablar de ellas, repudiar nuestra suerte, quejarnos a la existencia, a la vida, y a quién se nos cruce en nuestro camino,
o podemos,
contemplar la dorada imágen de la recién nacida paz,
y extasiarnos con la belleza de sus nuevos colores.
jueves, 13 de enero de 2011
Una mujer con sombrero
A treinta metros sobre Malvín, un amable whisky juega en mi boca, la brisa, serena, intermitente, fresca, enreda mi cabello y acaricia mi piel, la calma vista de un Montevideo dormido invita a un largo y atemporal contemplar, y tras el fondo sonoro urbano conmueve el delicado sonar de un lejano llamador de ángeles.
A treinta metros sobre el influjo de la civilización, el placer de vivir alarga la noche, los sentidos estimulan desde el presente, los recuerdos traen al ahora aquellas experiencias aquí vividas, la imaginación vive infinitos posibles futuros, y tras ese fondo sensorial ampliado, conmueve esta canción de Silvio, que hace unas horas, en la rambla, la mágica visión de una mujer con sombrero despertó.
Video:
http://www.youtube.com/watch?v=_nbFvSpETIs&feature=related
Letra:Oleo de mujer con sombrero
(Silvio Rodríguez)
Una mujer se ha perdido
conocer el delirio y el polvo,
se ha perdido esta bella locura,
su breve cintura
debajo de mí.
Se ha perdido mi forma de amar,
se ha perdido mi huella en su mar.
Veo una luz que vacila
y promete dejarnos a oscuras.
Veo un perro ladrando a la luna
con otra figura
que recuerda a mí.
Veo más: veo que no me halló.
Veo más: veo que se perdió.
La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias,
se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar.
Una mujer innombrable
huye como una gaviota
y yo rápido seco mis botas,
blasfemo una nota
y apago el reloj.
Que me tenga cuidado el amor,
que le puedo cantar su canción.
Una mujer con sombrero,
como un cuadro del viejo Chagall,
corrompiéndose al centro del miedo
y yo, que no soy bueno,
me puse a llorar.
Pero entonces lloraba por mí,
y ahora lloro por verla morir.
(1970)
martes, 11 de enero de 2011
La mirada
Camino, camino entre la gente de esta ciudad, camino y contemplo, contemplo sus ritmos, sus andares, sus calmas y sus apuros, sus alegrías y sus penas, contemplo y vivo, en destellos fugaces, mis encuentros con sus vidas.
Pasan, reflejando la luz de su identidad olvidada, pasan, en sus mundos, en sus sueños, en su ilusión, pasan, con sus miradas llenas de futuro y vacías de ahora, recorren la plaza, viendo agendas, computadoras, participando de reuniones, atendiendo clientes, o quizás, comprando, cocinando, lavando, y en el mejor de los casos, amando. Recorren la plaza, sin pisarla, recorren la plaza, sin verla ni oírla, recorren la plaza, sin vivirla.
Pasan, como granos de arena llevados por el viento sobre las dunas de un árido desierto, pasan, indiferentes, ciegos ante la belleza del sol coloreando sus pieles, del viento dándole vida a sus cabellos, de sus fascinantes individualidades mostrándose en sus gestos, en sus movimientos, en sus expresiones, pasan, ausentes, inertes ante la maravilla de la proximidad del otro, pasan, pasan y no viven.
Camino, camino y contemplo, contemplo uno a uno estos granitos de arena, contemplo porque en todo desierto existen los oasis, y porque por más oculto esté el ser tras los velos de la persona, este nunca resiste la tentación de mostrarse ante una mirada profunda y serena, contemplo, porque en ese mágico instante en el que nos vemos a los ojos, en ese instante, tan fugaz como eterno, ambos, ahora si, vivimos.
Donaciones
Luego, no solo imagínalo, sino que también, vive en él. Yo ya estoy allí, acompáñame.
Un abrazo,
Diego
Compartir
Un abrazo,
Diego